viernes, 4 de mayo de 2012
Mientras duermo
martes, 7 de febrero de 2012
Cuando la Fe ha de ser ciega

De los tentáculos fríos de los sentidos, escurridizos de razones, ajenos a pasiones positivas en la creencia, en la inquebrantable fe que encallece las almas y nubla los valores humanos; del abrazo ameboide de contenido pero pulcro en la forma, surge el contacto que produce la llaga en la piel de quienes con sana locura, dudan.
jueves, 2 de febrero de 2012
Presos de la ignorancia

Se suman los días nubosos de vanidades azules, se apilan como adobes macizos pero crudos de conocimiento.
El horno de la razón permanece frío, en una estéril existencia a la espera de nuevos fuegos de saber. ¿Pero quién portará la llama que prenda tan solo un principio de esperanza?
Solo nos queda desear que sea la razón, cabalgando con la lanza del conocimiento, la que llegue presta antes que las tinieblas de la ignorancia inducida.
sábado, 21 de enero de 2012
En la memoria

Recuerdo aquellas tardes de cristal que mimábamos con delicadeza exquisita; y que apuramos hasta agotar la última molécula de tiempo que su lisa superficie dejaba deslizar en libertad. Fueron tardes de azul y sal; de recodos y umbríos tabucos que iluminábamos con nuestras almas prendidas de luz tras un largo letargo que se abre y cierra como si de paréntesis de nuestras vidas se tratase.
Aquellas tardes encerraron en paredes transparentes los lotes de sentimientos que se desgajaban de nosotros mismos. Tardes convertidas en celdas. En urnas de cristal de roca que aprisionaron jirones de nuestras almas, y que lanzamos al cauce del Tiempo con la esperanza de un futuro reencuentro.
Y mientras nuestras tardes de cristal viajan hacia un futuro incierto, nosotros nos plisamos rendidos ante una realidad que se nos antoja incierta, a ratos.
sábado, 5 de noviembre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
Caixas de pedra

Crucei, en soidade, os poeirentos camiños do país onde nacen os suicidios.
domingo, 4 de septiembre de 2011
A nosotros
Quizá fue el destello brusco que causaron nuestras pupilas al encontrarse,
o ese deseo físico escondido y callado, custodiado por un Cronos indiferente y la suerte echada de la mano de un Hermes, cómplice de ladinas intenciones.
Al final cayó el vaso de fino vidrio, que pendía a la espera de lo inevitable, haciéndose añicos. No recogimos aquellos cristales. Permanecerán por la eternidad sobre el frío pavimento de piel de corazón herida, que ambos decidimos despedazar.
El dolor ya no importa, se tolera humedecido por la pócima almibarada que los dos ingerimos sabedores del pecado que encerraba. Luego la tormenta, el torbellino de deseos, de anhelos irrealizables y de dulces sensaciones bañadas en un, a pesar de todo, grato amargor.
Al menos hoy, aún podemos evocar aquel zaguán donde morían las sendas de hierro y donde comenzó a derramarse la insoportable carga de un pasado tan lejano como cierto, tan bello como lacerante, y poder untar las heridas con bálsamos y narcóticos ungüentos de paz con nosotros mismos, porque toda puerta abierta invita en dos direcciones. La dicha radica en la libertad de cruzarla, cerrarla o permanecer atentos a un nuevo paréntesis custodiado por un Cronos indiferente y un Hermes cómplice...
